Shijing, nº 91
Vueltas azules
tiene tu capa;
tristes sentires
llevo en el alma.
Aunque aquí quedo,
¿cómo es que callas?
Cuentas azules
tiene tu banda;
tristes pensares
llevo en el alma.
¿Cómo no vienes
aunque no vaya?
¡Ay! ¡Qué elección!
¡Qué buen suceso!
Cabe la puerta
del muro espero;
sin verte un día
es como ciento.
Según el P. Elorduy:
[Por qué no vienes a verme. Las solapas azules las llevaban los estudiantes.]
Señorito de solapas azules,
mi corazón por ti suspira.
Aunque yo no vaya a verte,
¿por qué no quieres dejarte oír?
Señorito de la hebilla del cinturón azul,
pensando en ti paso largas horas.
Aunque yo no vaya a verte,
¿por qué no quieres venir a mí?
Juegas y te diviertes en la torre de las murallas.
El día que no te vea se me hace largo como tres meses.
García-Noblejas nos transmite la imaginativa lectura tradicional: dado que para el maestro Mao los cuellos azules identificaban a los estudiantes, y dado que los estudiantes poco aplicados gustaban de subir a las alturas, el poema es una crítica del abandono de los estudios, que se produce en los tiempos sin orden.
La verdad es que es difícil dejar de percibir el tono erótico del poema... máxime si tenemos en cuenta que uno de los sentidos de tiao, según los diccionarios, es "incitar" (otro es "elegir".)
martes, 7 de abril de 2009
viernes, 3 de abril de 2009
Lo la, lo laico laico
La palabra griega λαός (laós) -atestiguada desde los primeros vestigios escritos y ampliamente usada por Homero- significaba "pueblo", frecuentemente designando el conjunto de gobernados en contraposición al de jefes y gobernantes. En este último sentido, se empleó en la traducción griega de la Biblia (la llamada de los Setenta) con el significado de "pueblo" como opuesto a sacerdotes y levitas.
A partir de laós, se formó el adjetivo λᾱϊκός (laikós) que, según Liddell y Scott, significaba "del pueblo"; "no oficial, civil", como muestran los papiros egipcios desde el siglo -III. Y -ya llegamos a nuestro asunto- como sustantivo, laikos significaba en el lenguaje jurídico "el cristiano que no es clérigo", como se puede comprobar en el Código (1.1.3.2) y en las Novelas (6.5).
Con este significado, laicus pasó al latín, donde se usó ampliamente y aún se usa.
Los diversos romances, hijos del latín, y los pueblos que los crearon, cristianos católicos, transformaron cada uno a su manera el laicus del latín eclesiástico. En la lengua castellana tenemos desde sus orígenes la palabra lego, producida a partir de laicus según las leyes de nuestra gramática histórica. Por ejemplo, decía el "Fuero de Soria" en 1196:
Si algún lego emplazare a clérigo o clérigo a lego para ante aquel juez o aquel alcalde que non debe...
Mas, siendo los clérigos en la Edad Media los únicos que recibían una cierta instrucción formal, lego pasó a significar también "ignorante"; y así tenemos los dos sentidos principales recogidos en nuestros diccionarios:
-Que no tiene órdenes clericales.
-Falto de letras o de noticias.
Así como el patrimonial y castizo lego es palabra frecuentísima en todas las épocas, su doblete culto laico se empleó muy poco hasta mediados del s. XIX. La primera vez que se recoge en el diccionario académico es en 1817: "anticuado. Lego." Demos algunos ejemplos decimonónicos de laico con los dos sentidos citados. Por ejemplo, escribe Galdós en "Gloria":
"Gran cariño tenía a Rafael del Horro, joven espada de la Iglesia, una especie de apóstol laico, defensor enérgico del catolicismo y de los derechos eclesiásticos en el Congreso."
De donde se colige que la laicidad de Rafael del Horro no tenía mucho que ver con la de Peces Barba. Y en el segundo sentido dice humorísticamente Bretón de los Herreros:
Y perdona, oh lector, si soy prosaico;
pero es la trompa homérica instrumento
para el cual me confieso rudo y laico.
Pero las palabras cambian y el eufemismo no es la menor de las fuerzas que las transforman. Ya en la segunda mitad del s. XIX comienza a prodominar en el uso de laico otro significado; partiendo de la primitiva oposición laico/clerical, suavemente se va pasando a otra más radical: laico/religioso. El diccionario académico se resiste a sancionar el cambio; hasta 1914 no se añade una nueva definición, y aún ésta restringida: "dícese de la escuela o enseñanza en que se prescinde de la instrucción religiosa." Así permanece hasta el nuevo milenio; en la versión electrónica actual se ha suprimido la restricción y se emplea una expresión más suave: "independiente de cualquier organización o confesión religiosa."
Y esta historia que mejor o peor hemos contado, ¿a quién puede interesar? Quizás a los paladines de lo laico, en el sentido Gregorio Peces, pues pueden jactarse de que laico, yendo a la raíz de las cosas, significa algo así como "democrático" o "popular". Pero también a sus adversarios, que igualmente pueden decir que el "laicismo", bien mirado, es propio de gente "falta de letras y noticias" (ahora que caigo, este laicismo sí que se ha impuesto sin disputa en la escuela española...)
A partir de laós, se formó el adjetivo λᾱϊκός (laikós) que, según Liddell y Scott, significaba "del pueblo"; "no oficial, civil", como muestran los papiros egipcios desde el siglo -III. Y -ya llegamos a nuestro asunto- como sustantivo, laikos significaba en el lenguaje jurídico "el cristiano que no es clérigo", como se puede comprobar en el Código (1.1.3.2) y en las Novelas (6.5).
Con este significado, laicus pasó al latín, donde se usó ampliamente y aún se usa.
Los diversos romances, hijos del latín, y los pueblos que los crearon, cristianos católicos, transformaron cada uno a su manera el laicus del latín eclesiástico. En la lengua castellana tenemos desde sus orígenes la palabra lego, producida a partir de laicus según las leyes de nuestra gramática histórica. Por ejemplo, decía el "Fuero de Soria" en 1196:
Si algún lego emplazare a clérigo o clérigo a lego para ante aquel juez o aquel alcalde que non debe...
Mas, siendo los clérigos en la Edad Media los únicos que recibían una cierta instrucción formal, lego pasó a significar también "ignorante"; y así tenemos los dos sentidos principales recogidos en nuestros diccionarios:
-Que no tiene órdenes clericales.
-Falto de letras o de noticias.
Así como el patrimonial y castizo lego es palabra frecuentísima en todas las épocas, su doblete culto laico se empleó muy poco hasta mediados del s. XIX. La primera vez que se recoge en el diccionario académico es en 1817: "anticuado. Lego." Demos algunos ejemplos decimonónicos de laico con los dos sentidos citados. Por ejemplo, escribe Galdós en "Gloria":
"Gran cariño tenía a Rafael del Horro, joven espada de la Iglesia, una especie de apóstol laico, defensor enérgico del catolicismo y de los derechos eclesiásticos en el Congreso."
De donde se colige que la laicidad de Rafael del Horro no tenía mucho que ver con la de Peces Barba. Y en el segundo sentido dice humorísticamente Bretón de los Herreros:
Y perdona, oh lector, si soy prosaico;
pero es la trompa homérica instrumento
para el cual me confieso rudo y laico.
Pero las palabras cambian y el eufemismo no es la menor de las fuerzas que las transforman. Ya en la segunda mitad del s. XIX comienza a prodominar en el uso de laico otro significado; partiendo de la primitiva oposición laico/clerical, suavemente se va pasando a otra más radical: laico/religioso. El diccionario académico se resiste a sancionar el cambio; hasta 1914 no se añade una nueva definición, y aún ésta restringida: "dícese de la escuela o enseñanza en que se prescinde de la instrucción religiosa." Así permanece hasta el nuevo milenio; en la versión electrónica actual se ha suprimido la restricción y se emplea una expresión más suave: "independiente de cualquier organización o confesión religiosa."
Y esta historia que mejor o peor hemos contado, ¿a quién puede interesar? Quizás a los paladines de lo laico, en el sentido Gregorio Peces, pues pueden jactarse de que laico, yendo a la raíz de las cosas, significa algo así como "democrático" o "popular". Pero también a sus adversarios, que igualmente pueden decir que el "laicismo", bien mirado, es propio de gente "falta de letras y noticias" (ahora que caigo, este laicismo sí que se ha impuesto sin disputa en la escuela española...)
domingo, 29 de marzo de 2009
Shijing, nº 19
Shijing, nº 19
Recios retumban los truenos
al mediodía del Nan.
¿Por qué está siempre tan lejos
sin darse nunca solaz?
Amable es el caballero,
¿volverá? ¡Ay! ¿Volverá?
Recios retumban los truenos
por las laderas del Nan.
¿Por qué está siempre tan lejos
sin atreverse a holgar?
Amable es el caballero,
¿volverá? ¡Ay! ¿Volverá?
Recios retumban los truenos
al pie del monte Nanshan.
¿Por qué está siempre tan lejos
sin haber nunca vagar?
Amable es el caballero,
¿volverá? ¡Ay! ¿Volverá?
Nan shan es simplemente "la(s) montaña(s) del sur". Lo dejamos como nombre propio para dar un toquecillo de chinoiserie.
Según el comentario canónico del maestro Mao, el poema es "una exhortación a cumplir con el deber" (García-Noblejas).
Recios retumban los truenos
al mediodía del Nan.
¿Por qué está siempre tan lejos
sin darse nunca solaz?
Amable es el caballero,
¿volverá? ¡Ay! ¿Volverá?
Recios retumban los truenos
por las laderas del Nan.
¿Por qué está siempre tan lejos
sin atreverse a holgar?
Amable es el caballero,
¿volverá? ¡Ay! ¿Volverá?
Recios retumban los truenos
al pie del monte Nanshan.
¿Por qué está siempre tan lejos
sin haber nunca vagar?
Amable es el caballero,
¿volverá? ¡Ay! ¿Volverá?
Nan shan es simplemente "la(s) montaña(s) del sur". Lo dejamos como nombre propio para dar un toquecillo de chinoiserie.
Según el comentario canónico del maestro Mao, el poema es "una exhortación a cumplir con el deber" (García-Noblejas).
domingo, 22 de marzo de 2009
Shijing, nº 30
Shijing, nº 30
Siempre este viento tan fuerte.
Me atiende y se ríe luego;
burlas, escarnios y risas,
en las entrañas el duelo.
Siempre viento y polvareda.
Por piedad que venga quiero;
nunca jamás va ni viene,
largo, largo tiempo pienso.
Siempre vientos y nublados,
sin sol el cielo cubierto.
Despierto con esperanza
y estornudando y no duermo.
Muy cubierto y muy sombrío,
tales retumban los truenos.
Despierto con esperanza,
con añoranza y no duermo.
El texto dice "estornudar". Los traductores prefieren leer "ahogarse"; quizás les parezca más poético. El P. Courveur transmite una razonable explicación confuciana:
Le chagrin et le manque de sommeil causent le rhume de cerveau, disent les commentateurs.
Siempre este viento tan fuerte.
Me atiende y se ríe luego;
burlas, escarnios y risas,
en las entrañas el duelo.
Siempre viento y polvareda.
Por piedad que venga quiero;
nunca jamás va ni viene,
largo, largo tiempo pienso.
Siempre vientos y nublados,
sin sol el cielo cubierto.
Despierto con esperanza
y estornudando y no duermo.
Muy cubierto y muy sombrío,
tales retumban los truenos.
Despierto con esperanza,
con añoranza y no duermo.
El texto dice "estornudar". Los traductores prefieren leer "ahogarse"; quizás les parezca más poético. El P. Courveur transmite una razonable explicación confuciana:
Le chagrin et le manque de sommeil causent le rhume de cerveau, disent les commentateurs.
domingo, 15 de marzo de 2009
Shijing, nº 36
Shijing, nº 36
¡Ruin condición!
¿Por qué no volver?
Si no por nuestro señor,
¿por qué en la escarcha yacer?
¡Ruin condición!
¿Por qué no volver?
Si no por mor del señor,
¿por qué entre el barro yacer?
Explicación transmitida por el P.Elorduy:
El señor feudal de Li, expulsado por los bárbaros norteños, hubo de refugiarse en el estado de Wei. Los fieles servidores, que le siguieron al destierro, no pueden sufrir más tiempo su abyecta condición.
¡Ruin condición!
¿Por qué no volver?
Si no por nuestro señor,
¿por qué en la escarcha yacer?
¡Ruin condición!
¿Por qué no volver?
Si no por mor del señor,
¿por qué entre el barro yacer?
Explicación transmitida por el P.Elorduy:
El señor feudal de Li, expulsado por los bárbaros norteños, hubo de refugiarse en el estado de Wei. Los fieles servidores, que le siguieron al destierro, no pueden sufrir más tiempo su abyecta condición.
viernes, 13 de marzo de 2009
Por qué no soy un trabajador
En la mayoría de los idiomas, la palabra elegida para designar el concepto de trabajo refleja nociones de lucha, angustia, esclavitud o similares. De la mano de MM. Ernout y Meillet, veamos qué ocurrió en latín.
La palabra original latina para el resultado de un trabajo es opus, operis; para la actividad realizada al trabajar, opera, operae. Ambas proceden de una raíz indoeuropea *op- cargada de connotaciones positivas: de ella provienen en última instancia, por ejemplo, las palabras españolas "óptimo" y "opulento".
Pero pronto opera tuvo que concurrir con labor, laboris, cuyo sentido original era "peso, carga". Así, dice Vitrubio en su tratado de Arquitectura: saxa ... sustinent laborem, es decir, "las piedras sostienen la carga". Y más poéticamente dice Eneas a su padre, invitándole a subir sobre sus hombros (Eneida 2.708):
ipse subibo umeris, nec me labor iste gravabit
o sea, "yo mismo te llevaré a hombros y esa carga no me será pesada". Pronto labor tomó el sentido de "fatiga" y así se empleaba para describir las fatigas de la guerra (belli labores) o las del parto (Lucinae labores). Finalmente, llegó a significar simplemente "trabajo".
Y, olvidadas por los hablantes las primitivas connotaciones negativas de labor, hubo que recuperarlas de alguna manera; y por eso aparece en bajo latín el trepalium, "instrumento de tortura formado por tres palos"; del cual instrumento de tortura o, mejor, dicho, de su nombre, viene nuestro castizo trabajo.
Así pues, ¿por qué no soy un trabajador? Porque no es una tortura lo que hago cada día.
La palabra original latina para el resultado de un trabajo es opus, operis; para la actividad realizada al trabajar, opera, operae. Ambas proceden de una raíz indoeuropea *op- cargada de connotaciones positivas: de ella provienen en última instancia, por ejemplo, las palabras españolas "óptimo" y "opulento".
Pero pronto opera tuvo que concurrir con labor, laboris, cuyo sentido original era "peso, carga". Así, dice Vitrubio en su tratado de Arquitectura: saxa ... sustinent laborem, es decir, "las piedras sostienen la carga". Y más poéticamente dice Eneas a su padre, invitándole a subir sobre sus hombros (Eneida 2.708):
ipse subibo umeris, nec me labor iste gravabit
o sea, "yo mismo te llevaré a hombros y esa carga no me será pesada". Pronto labor tomó el sentido de "fatiga" y así se empleaba para describir las fatigas de la guerra (belli labores) o las del parto (Lucinae labores). Finalmente, llegó a significar simplemente "trabajo".
Y, olvidadas por los hablantes las primitivas connotaciones negativas de labor, hubo que recuperarlas de alguna manera; y por eso aparece en bajo latín el trepalium, "instrumento de tortura formado por tres palos"; del cual instrumento de tortura o, mejor, dicho, de su nombre, viene nuestro castizo trabajo.
Así pues, ¿por qué no soy un trabajador? Porque no es una tortura lo que hago cada día.
domingo, 1 de marzo de 2009
Alumnos y estudiantes
De la raíz indoeuropea *al- (asociada a la idea de "alimentar", "crecer") surgen el verbo latino alere con estos mismos significados y su antiguo participio mediopasivo alumnus ("que es alimentado", "que es hecho crecer"). Normalmente se emplea como sustantivo con los significados "niño de pecho", "esclavo nacido en la casa", "ahijado".
La palabra no es castiza en castellano; aparece en el s. XVI con el sentido de "cualquier persona criada o educada desde su niñez por alguno, respecto de éste." Poco a poco va tomando el sentido actual: "cualquier discípulo, respecto de su maestro, de la materia que está aprendiendo, o de la escuela, clase, colegio o Universidad donde estudia." En el Diccionario Histórico de la Academia, la primera cita en que aparece con este sentido es de D. Antonio de Solís (finales del s. XVII).
Así que, yendo al fondo de las cosas, alumno es "el que es alimentado"; y, cuando así son llamados los jóvenes que asisten a la universidad, en cierta forma se está diciendo que llegan a ella para ser (pasivamente) nutridos.
De la raíz indoeuropea *steu- (asociada a las ideas de "golpear", empujar") surgen el verbo latino studere ("ansiar", "esforzarse por", "ser diligente para") y su participio activo studens, studentis. En la época imperial, el verbo adquiere el significado de "estudiar". Y en bajo latín es sustituído por "studiare", de donde nacen nuestros estudiar y estudiante.
Así que, yendo al fondo de las cosas, estudiante es "el que se esfuerza"; y, cuando así son llamados los jóvenes que asisten a la universidad, en cierta forma se está diciendo que llegan a ella para (activamente) adquirir conocimientos y capacidades.
Por estas etimológicas razones, estudiante es palabra más conforme al modelo de enseñanza y aprendizaje que ahora se quiere establecer en la universidad europea. Y también la que se se está imponiendo en la prosa oficial... pero no por estas razones, me temo, sino por ser palabra que no varía con el género gramatical y, por tanto, preferible en necioespañol.
La palabra no es castiza en castellano; aparece en el s. XVI con el sentido de "cualquier persona criada o educada desde su niñez por alguno, respecto de éste." Poco a poco va tomando el sentido actual: "cualquier discípulo, respecto de su maestro, de la materia que está aprendiendo, o de la escuela, clase, colegio o Universidad donde estudia." En el Diccionario Histórico de la Academia, la primera cita en que aparece con este sentido es de D. Antonio de Solís (finales del s. XVII).
Así que, yendo al fondo de las cosas, alumno es "el que es alimentado"; y, cuando así son llamados los jóvenes que asisten a la universidad, en cierta forma se está diciendo que llegan a ella para ser (pasivamente) nutridos.
De la raíz indoeuropea *steu- (asociada a las ideas de "golpear", empujar") surgen el verbo latino studere ("ansiar", "esforzarse por", "ser diligente para") y su participio activo studens, studentis. En la época imperial, el verbo adquiere el significado de "estudiar". Y en bajo latín es sustituído por "studiare", de donde nacen nuestros estudiar y estudiante.
Así que, yendo al fondo de las cosas, estudiante es "el que se esfuerza"; y, cuando así son llamados los jóvenes que asisten a la universidad, en cierta forma se está diciendo que llegan a ella para (activamente) adquirir conocimientos y capacidades.
Por estas etimológicas razones, estudiante es palabra más conforme al modelo de enseñanza y aprendizaje que ahora se quiere establecer en la universidad europea. Y también la que se se está imponiendo en la prosa oficial... pero no por estas razones, me temo, sino por ser palabra que no varía con el género gramatical y, por tanto, preferible en necioespañol.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)