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sábado, 4 de junio de 2011

Los peligros de la selectividad universitaria

El Gran Monasterio de Nalanda (Nālandā Mahāvihāra), fundado allá por el siglo V de nuestra era en uno de los refugios favoritos de Buda, fue la principal entre las instituciones consagradas al estudio y la enseñanza de las doctrinas budistas. A él acudían estudiosos de toda Asia; uno de ellos, el chino Xuanzang, que residió en el monasterio en el s. VII, dictó a sus discípulos un libro llamado Dà Táng Xīyù Jì, "Relación de las Regiones Occidentales" (Si Yu Ki), donde narra sus viajes y describe lo que en ellos vio. Así habla Xuanzang del monasterio de Nalanda:

"Los monjes, en número de varios millares, son hombres del mayor talento y capacidad. En los tiempos presentes su mérito es muy grande y hay muchos centenares cuya fama se ha extendido rápidamente por distantes regiones... De la mañana a la noche están ocupados en debates: el viejo y el joven se ayudan mutuamente. Quienes no pueden discutir cuestiones extraídas del Tripitaka reciben poca consideración y deben esconderse avergonzados. Muchedumbres de hombres eruditos de diversas ciudades, deseosos de adquirir prontamente renombre en los debates, vienen a resolver sus dudas y a continuación la corriente de su sabiduría se difunde por doquier. Por esta razón algunos usurpan el nombre de alumnos de Nalanda y en consecuencia son honrados en sus idas y venidas. Si personas de otros lugares quieren entrar y tomar parte en las discusiones, el guardián de la puerta les propone alguna cuestión difícil; muchos no son capaces de responder y se retiran. Es necesario haber estudiado profundamente tanto los libros antiguos como los nuevos antes de conseguir ser admitido. Por ello, los estudiantes que llegan como extraños tienen que mostrar su capacidad mediante difíciles debates: los que fracasan, en comparación con los que tienen éxito, son 7 u 8 de cada 10."

¿Qué fue de este emporio del saber y de su célebre biblioteca, donde se atesoraban cientos de miles de manuscritos y se conservaban todos los saberes de la India budista? Tuvo un triste final: en 1193 el caudillo turco Bakhtiyar Khilji, fanático musulmán, saqueó el monasterio, asesinó a los monjes y prendió fuego a la biblioteca; el incendio duró varios meses y el humo de los manuscritos formó una nube que ensombreció la comarca largo tiempo.

Pero, ¿qué tiene que ver este lamentable episodio de intolerancia con la selectividad universitaria? Os daré la respuesta: según ciertas tradiciones tibetanas, aquellos incendios fueron causados, en última instancia, por las maldiciones de algunos visitantes del monasterio que se resintieron del duro trato intelectual recibido de los monjes.

Quizás por ello, y para evitar males mayores, nuestras autoridades educativas -que, como newageros de pro, conocen al dedillo la historia del budismo y sus escuelas- han decidido que todos aquellos que lo deseen ingresen en las universidades y que, tras ser blandamente tratados en ellas, todos ellos egresen con el correspondiente título bajo el brazo.

domingo, 1 de marzo de 2009

Alumnos y estudiantes

De la raíz indoeuropea *al- (asociada a la idea de "alimentar", "crecer") surgen el verbo latino alere con estos mismos significados y su antiguo participio mediopasivo alumnus ("que es alimentado", "que es hecho crecer"). Normalmente se emplea como sustantivo con los significados "niño de pecho", "esclavo nacido en la casa", "ahijado".
La palabra no es castiza en castellano; aparece en el s. XVI con el sentido de "cualquier persona criada o educada desde su niñez por alguno, respecto de éste." Poco a poco va tomando el sentido actual: "cualquier discípulo, respecto de su maestro, de la materia que está aprendiendo, o de la escuela, clase, colegio o Universidad donde estudia." En el Diccionario Histórico de la Academia, la primera cita en que aparece con este sentido es de D. Antonio de Solís (finales del s. XVII).
Así que, yendo al fondo de las cosas, alumno es "el que es alimentado"; y, cuando así son llamados los jóvenes que asisten a la universidad, en cierta forma se está diciendo que llegan a ella para ser (pasivamente) nutridos.

De la raíz indoeuropea *steu- (asociada a las ideas de "golpear", empujar") surgen el verbo latino studere ("ansiar", "esforzarse por", "ser diligente para") y su participio activo studens, studentis. En la época imperial, el verbo adquiere el significado de "estudiar". Y en bajo latín es sustituído por "studiare", de donde nacen nuestros estudiar y estudiante.
Así que, yendo al fondo de las cosas, estudiante es "el que se esfuerza"; y, cuando así son llamados los jóvenes que asisten a la universidad, en cierta forma se está diciendo que llegan a ella para (activamente) adquirir conocimientos y capacidades.

Por estas etimológicas razones, estudiante es palabra más conforme al modelo de enseñanza y aprendizaje que ahora se quiere establecer en la universidad europea. Y también la que se se está imponiendo en la prosa oficial... pero no por estas razones, me temo, sino por ser palabra que no varía con el género gramatical y, por tanto, preferible en necioespañol.