lunes, 30 de agosto de 2010

CLIENTE-SERVIDOR (II)

En un envío anterior hemos divagado alrededor de la palabra cliente. En este consideraremos su compañera servidor.

El servidor castellano existe desde los primeros balbuceos de la lengua. Del servire latino heredamos nuestro servir, y a partir de él formamos el correspondiente sustantivo agente "servidor" (en latín clásico se decía más bien servus, que dio siervo en español).

"Servidor", según el Diccionario de Autoridades (1739) significa "el que sirve como criado". También "el que corteja o festeja alguna dama".Y "en estilo cortesano llaman al que se ofrece a la disposición u obsequio de otro". Por último, "significa también el bacín o servicio".

En 1914 se reescribe la segunda de las acepciones anteriores: "Nombre que por cortesía y obsequio se da a sí misma una persona respecto de otra," que en 1984 se complementa con "fórmula de cortesía que suele usarse como despedida en las cartas", y en 1985 con "expresión con la que una persona contesta humildemente a otra, para evitar decir yo."

En inglés, serve aparece a finales del s. XII, tomado del antiguo francés servir, con el sentido de "rendir obediencia habitual". El significado "atender a un cliente" aparece en el siglo XIV, así como "servir la mesa".

En cuanto a server, los significados que suelen recoger los diccionarios son "utensilio usado para servir comida o bebida", "jugador que sirve al comenzar un tanto" y "persona cuya ocupación es atender a la mesa, como en los restaurantes." Probablemente a partir de este último se desarrollo el sentido informático que ahora recoge el diccionario académico en una enmienda:

Inform .Unidad informática que proporciona diversos servicios a computadoras conectadas con ella a través de una red.

Imaginemos, pues, a los servidores web con delantal o chaquetilla, preguntándonos amablemente: "¿Qué va a ser?" Aunque muchas veces su funcionamiento nos evoque más bien aquel otro significado que recogen nuestros diccionarios: "vasos para excrementos mayores".

Shijing, nº 13

Shijing, nº 13

     Hela cogiendo artemisa
de la islilla y del estanque.
Hela aquí que la dedica
del buen conde a los afanes.


     Hela cogiendo artemisa
en los arroyos del valle.
Hela aquí que la dedica
del buen conde a los lugares.


     Bien holgadas son sus tocas,
en palacio hasta la tarde.
Espaciosas son sus tocas,
a su alcoba tornaráse.



Dice Wiley:
“Poco después de la boda, la esposa era presentada solemnemente a los antepasados del marido. Es este rito, y no la llegada de la novia desde la casa de su padre, lo que realmente constituía el matrimonio desde el punto de vista religioso [...] Debe notarse que la novia lleva una peluca o cubrecabeza de pelo falso. Éste se llevaba únicamente mientras se estaba dando culto a los antepasados.”

Otros dicen, más prosaicamente, que la dama recolecta artemisa para alimentar los gusanos de seda....

domingo, 29 de agosto de 2010

Eneida V, 864-871

Los escollos, en verdad, de las Sirenas
estaban ya próximos, riesgo de antaño,
y blancos de huesos de tantos, y roncas
las rocas resuenan allá con la mar
insistente, cuando Eneas percibió
que la nave de las olas a merced
flotaba, perdido el piloto; y él mismo
la dirige por las olas de la noche
y grandes gemidos exhala, el espíritu
agitado por la muerte del amigo.
¡Demasiado confïado en lo sereno
del mar y del cielo, desnudo en harenas
ignoradas yacerás, oh Palinuro!

sábado, 17 de julio de 2010

El futuro del sistema de pensiones en España (I)

Aunque pueden ser otros quienes decidan que los días de un anciano han acabado, la solicitud de morir suele venir de él mismo. El homicidio debe ser llevado a cabo por un pariente, para impedir posibles venganzas. Si el infanticidio es aceptado de forma natural, no ocurre así con el senilicidio y el invalicidio; los vínculos emocionales construidos a lo largo de los años no se cortan con tanta facilidad, y no es infrecuente que el anciano tenga que insitir en su derecho a solicitar la muerte, y que el pariente sea compelido a cumplir con su deber.
Weyer registra un ejemplo conmovedor:

Un cazador que vivía en las islas Diómedes contó a este escritor cómo mató a su propio padre, a petición de éste. La salud del viejo esquimal se deterioraba, ya no podía contribuir como miembro del grupo tanto como pensaba que debía; así que pidió a su hijo, entonces un muchacho de unos doce años, que le afilara el gran cuchillo de caza. Luego le indicó el punto vulnerable donde debía apuñalarlo, justo encima del corazón. El muchacho hundió el cuchillo, pero el golpe no dio resultado. El anciano padre le sugirió con dignidad y resignación: "Inténtalo un poco más arriba, hijo mío". La segunda puñalada fue efectiva y el patriarca pasó al reino de las sombras ancestrales.


(E. Adamson Hoebel, "The Law of Primitive Man")

miércoles, 21 de abril de 2010

Shijing, nº 6

Shijing, nº 6

     Muy frondoso es el durazno,
rozagantes son sus flores.
Esta niña que marida
bien su casa tendrá en orden.


     Muy frondoso es el durazno,
de frutos es abundante.
Esta niña que marida
de su casa cuidar sabe.


     Muy frondoso es el durazno,
lozanas sus hojas verdes.
Esta niña que marida
bien de su familia atiende.


Es el primer poema analizado por Marcel Granet en Fêtes et chansons anciennes de la Chine (1919). Granet afirma que es una de las odas menos distorsionadas por la interpretación tradicional. Se trata de una sencilla canción de boda que asocia la idea de matrimonio con el esplendor del melocotonero.

     

martes, 13 de abril de 2010

Shijing, nº 144

Shijing, nº 144

     En el soto de Zhu, ¿por qué?
Sigo a Xia Nan.

     A los sotos de Zhu no iré.
Sigo a Xia Nan.

     Monto mis caballos, me alojo
cerca de Zhu.

     Montando y montando mis potros
almuerzo en Zhu.


El P. Elorduy aduce la asombrosa exégesis tradicional: "Los habitantes de Chen se duelen de la conducta de su señor feudal Ling porque frecuenta la viuda de un magnate. Por eufemismo dicen que va a visitar a Nan, hijo de la viuda."

martes, 30 de marzo de 2010

CLIENTE-SERVIDOR (I).

A comienzos de la década de 1980 se populariza el uso de las LAN (redes locales de ordenadores), que permiten distribuir los trabajos de cómputo entre varios ordenadores. La forma más común de hacerlo se denominó Client-Server Model o Client-Server Architecture. Es difícil saber quién fue el primero en recurrir a esta metáfora; en 1983 decían Janson, Svobodova y Maehle en las actas de SIGCOMM'83:
     The terms "server" and "client" are already well established in the field of distributed computer systems.
Quizás alguien con más conocimientos que yo pueda determinar debidamente la paternidad de la expresión... Pero no es eso de lo que queremos tratar hoy, sino de la historia de ambas palabras.

La inglesa client es la latina cliens, clientis, o sea, la castellana cliente. ¿Qué significaba cliens en latín? Difícil es explicarlo en pocas palabras, pues se refería a una institución de la sociedad romana sin equivalente contemporáneo. El cliente era un hombre libre situado en una relación de dependencia económica y política respecto a otro de categoría superior denominado patronus (patrono). En particular, el cliente no podía comparecer por sí mismo en los tribunales; el patrono debía hacerlo en su lugar.

Los latinos relacionaban cliens con el verbo clueo, cuyo sentido primero es "oír", "ser llamado". Los filólogos modernos desdeñan esa etimología popular y prefieren buscar el origen de cliens en la raíz indoeuropea *klei-, relacionada con las ideas de "inclinación, pendiente"; o bien confiesan su ignorancia y hablan de un hipotético préstamo del etrusco.

En cualquier caso, nótese que el cliente romano no estaba en la mejor situación posible. Ciertamente superior al esclavo, dependía sin embargo del patrono, a quien debía servir y obedecer. Como dice nuestro Diccionario de Autoridades (1729), cliente es
     El que está encomendado y debajo de la confianza, tutela y patrocinio de otro a quien reconoce alguna superioridad.
Esta es la única definición que aparece en el dicionario académico hasta la edición de 1869.

Lo cual no significa que la palabra cliente no se empleara en latín y en castellano con otros sentidos. Recordemos que el cliente no podía litigar por sí mismo, sino que debía hacerlo por medio de su patrono. Así pues, cuando era necesario, el patrono era "llamado" (advocatus) por su cliente para que le representara en juicio. Pero las leyes fueron complicándose cada vez más, de forma que un padre de familia cualquiera no podía conocerlas bien, sino que necesitaba la ayuda de un especialista en derecho. Y para referirse a la novedosa relación establecida entre el especialista jurídico y la persona que requería su ayuda, se recurrió a las antiguas palabras: aquel se denominó patronus o advocatus, éste, cliens.

Esto era sabido por todas las personas cultas. Por ejemplo, se lee en la "Declaración magistral sobre las emblemas de Andrés Alciato" de Diego López (1615):
     Hallo de los libros Latinos, que Cliens es el que busca al jurisconsulto, o abogado, para que le defienda, del qual es Cliente, y el es Advocato, o Patrono. Pruébase esto de Persio Sátira 3, donde para aconsejar a unos mancebos, que deprendan filosofía, y no leyes, les dice, que no tengan envidia al jurisconsulto, porque tenga en su casa muchos presentes y perniles, que le haya enviado Marso su cliente:
          Et pernae Marsi monumenta clientis.


Sin embargo la Academia no reparó en esta viejísima acepción de la palabra hasta 1869, cuando aparece definido cliente como
     El litigante, con respecto al abogado.

Ahora bien, así como el demandante de servicios de un abogado se denominaba cliente, de la misma forma pasó a denominarse a quien usaba los servicios de cualquier profesional. Este proceso se puede datar en castellano en el siglo XIX. Por ejemplo, dice Serafín Álvarez en El Credo de una Religión Nueva (1873):
     ...el trabajo del hombre que educa es semejante en esto al del médico, que procura que su cliente adquiera un temperamento mixto en que ningun principio predomine demasiado.
Y Blasco Ibáñez en La Barraca (1898):
     A los que se sentaban en el sillón de los tormentos pasábanles un pedazo de jabón de piedra por las mejillas, y frota que frota, hasta que levantaba espuma. Después venía el navajeo cruel, los cortes, que aguantaba firmemente el cliente con la cara manchada de sangre.

Este sentido se recoge en la edición de 1899 del diccionario académico:
     Respecto del que ejerce alguna profesión, persona que utiliza sus servicios.
(Los médicos se ofenden hoy cuando se habla de sus clientes; pero, con el diccionario en la mano, tenemos derecho a hacerlo.)

Mas no acaba aquí la extensión del concepto cliente. Los hablantes generalizan la idea de "cliente de abogado" a "cliente de cualquier profesional"; dando enseguida un paso más, la generalizan a "cliente de cualquier negociante o comerciante". Y así se puede leer en El Practicón. Tratado completo de cocina de Ángel Muro (1891-94):
     La coloración del caldo en el puchero no es de absoluta necesidad, pero le da muy buen aspecto, y en la cocina industrial sirve para engañar al cliente.

Curiosamente, este último sentido, aunque contemporáneo del anterior, no se recoge hasta 1956 en el diccionario académico, y aún de forma restringida:
     Parroquiano, persona que acostumbra a comprar en la misma tienda.
Sólo en 1984 aparece la definición más general:
     Persona que compra en un establecimiento o utiliza sus servicios.

Los anglohablantes contemporáneos tienen dos palabras para estos sentidos modernos de nuestro cliente: client y customer. Al margen de otros matices, se suele decir que client es más formal y biensonante, así que no es extraño que los informáticos la prefirieran para bautizar su invento.

Hora es ya de cerrar este envío; ¿qué mejor forma de acabar que volver al punto donde empezamos? Pues el lector atento se habrá dado cuenta de que no hemos llegado a definir qué sea eso de un cliente informático. Por fortuna, la tarea es fácil. Dando otra prueba de su interés por las nuevas tecnologías, la Academia nos la da hecha con esta acepción recientemente añadida a su diccionario:
     Inform. Programa o dispositivo que solicita determinados servicios a un servidor del que depende.

¿Se reconocería el plebeyo romano del s. -VI en esta definición?